julio 13, 2026 · Ciencia, Principal

El T. rex «Gus» podría romper récords en una subasta y revive el debate sobre el futuro de los fósiles

Uno de los fósiles de Tyrannosaurus rex más grandes y mejor conservados descubiertos hasta ahora está a punto de convertirse en protagonista de una…

Uno de los fósiles de Tyrannosaurus rex más grandes y mejor conservados descubiertos hasta ahora está a punto de convertirse en protagonista de una de las subastas más importantes de la historia. Bautizado como «Gus», en honor al ganadero Gary «Gus» Licking, el imponente esqueleto será subastado por Sotheby’s en Nueva York con una estimación que podría superar los 30 millones de dólares, aunque especialistas consideran que el precio final podría romper ese récord.

Más allá de su enorme valor económico, la venta ha reavivado un intenso debate entre paleontólogos, museos y coleccionistas sobre el destino de los fósiles de importancia científica y las consecuencias de que piezas únicas terminen en colecciones privadas.

La historia de Gus comenzó en un rancho de 2 mil 630 hectáreas ubicado en el condado de Harding, Dakota del Sur, dentro de la célebre Formación Hell Creek, una de las regiones paleontológicas más importantes del planeta. Este yacimiento geológico, que se extiende por Montana, Wyoming y las Dakotas, es considerado el lugar donde se han encontrado algunos de los ejemplares más famosos de Tyrannosaurus rex, incluido uno de los primeros fósiles de la especie descubierto en 1902.

Durante años, Gary Licking encontró dientes y pequeños huesos de dinosaurios en su propiedad y estaba convencido de que algún día aparecería un hallazgo extraordinario. Su intuición terminó haciéndose realidad cuando conoció al paleontólogo comercial Thomas Heitkamp, fundador de Theropoda Expeditions.

Tras varias temporadas de exploración, el equipo localizó el esqueleto en 2021. Sin embargo, Licking falleció antes de que concluyeran los trabajos de excavación y nunca llegó a contemplar el dinosaurio completamente restaurado.

El proceso de recuperación fue complejo. Durante tres temporadas de trabajo de campo, entre 2021 y 2023, los especialistas excavaron manualmente un área cercana a 650 metros cuadrados, enfrentando dificultades provocadas por fallas geológicas y por la dispersión de los huesos.

Después vino un largo proceso de laboratorio para limpiar, identificar, restaurar y montar el esqueleto, una labor que tomó cerca de cinco años.

El resultado es un ejemplar impresionante. Gus mide 11.6 metros de largo, alcanza 3.8 metros de altura y posee un cráneo de 137 centímetros. Conserva 183 elementos óseos fosilizados, lo que representa alrededor del 61 % de sus huesos originales y entre 75 y 80 % de su masa esquelética.

Además de su tamaño, el fósil presenta características poco comunes. Su cráneo conserva cerca del 82 % de los huesos originales, incluye una pelvis completa, ambos pies prácticamente intactos y una fúrcula, estructuras que rara vez aparecen juntas en un mismo ejemplar. También muestra marcas de mordidas y fracturas cicatrizadas, evidencia de que sobrevivió a lesiones durante su vida.

Estas características podrían aportar información valiosa sobre el comportamiento, la biología y las interacciones de los grandes depredadores del Cretácico.

Sin embargo, precisamente ahí surge la principal controversia.

Hasta ahora no existe ningún estudio científico formal publicado sobre Gus. La razón es que gran parte de la comunidad científica evita investigar fósiles cuya propiedad pertenece a particulares, ya que no existe garantía de acceso permanente para futuras investigaciones.

La Sociedad de Paleontología de Vertebrados (SVP), una de las principales organizaciones científicas en esta disciplina, sostiene que los fósiles de relevancia deben permanecer bajo custodia pública para asegurar que cualquier investigador pueda analizarlos y verificar los resultados de estudios posteriores.

Su presidente, Stuart Sumida, advirtió que si Gus termina en una colección privada, es posible que el público nunca vuelva a verlo y que la comunidad científica pierda la oportunidad de estudiarlo de forma adecuada.

«No solo eso, nunca será objeto de un estudio científico adecuado», afirmó el especialista, al recordar que las revistas científicas más prestigiosas no suelen aceptar investigaciones basadas en fósiles cuya disponibilidad futura no está garantizada.

Desde Sotheby’s defienden una postura diferente. Cassandra Hatton, directora global del departamento de Ciencia e Historia Natural de la casa de subastas, sostiene que muchos grandes museos surgieron gracias a colecciones privadas y que, sin la inversión económica de paleontólogos comerciales, numerosos fósiles terminarían destruidos por la erosión antes de ser descubiertos.

Según explicó, el trabajo para recuperar Gus requirió una inversión considerable de tiempo, recursos y personal especializado que difícilmente podría realizarse sin la expectativa de una venta posterior.

Otro aspecto que incrementa el atractivo del ejemplar es que incluye todos los derechos sobre las réplicas de sus huesos. A diferencia de otros esqueletos montados con moldes obtenidos del famoso T. rex «Stan», Gus fue reconstruido utilizando únicamente escaneos y moldes propios, lo que permitiría al futuro comprador producir réplicas independientes para museos o coleccionistas.

El caso también pone de relieve el creciente valor del mercado de fósiles. En 2020, el T. rex «Stan» fue vendido por 31.8 millones de dólares, mientras que en 2024 el estegosaurio «Apex» alcanzó un récord de 44.6 millones de dólares durante otra subasta organizada por Sotheby’s.

Para muchos científicos, estos precios hacen prácticamente imposible que museos públicos puedan competir con coleccionistas privados.

Expertos como Steve Brusatte, de la Universidad de Edimburgo, consideran que la ciencia necesita que los fósiles permanezcan en instituciones públicas, donde cualquier investigador pueda acceder a ellos sin restricciones.

Otros paleontólogos señalan que el verdadero debate no gira en torno a quién posee legalmente un fósil, sino a quién garantiza su conservación y disponibilidad para las futuras generaciones.

Mientras tanto, Gus se prepara para escribir un nuevo capítulo en la historia de la paleontología. Su venta podría convertirlo en uno de los fósiles más caros jamás comercializados y, al mismo tiempo, volver a abrir la discusión sobre el delicado equilibrio entre el valor económico de estos hallazgos y su enorme importancia para comprender la historia de la vida en la Tierra.